jueves, 12 de julio de 2012

Reflexión y refracción de la luz.


Queridos niños, observen el video presentado y den respuesta a las preguntas en su cuaderno.

1.  ¿Para qué son útiles los lentes y los espejos?
2.  ¿Qué sucede cuando un haz de luz pasa de un medio transparente a otro?
3.  ¿Qué forman los espejos aprovechando la capacidad de reflexión de la luz?
4.  ¿Cuándo un lente es convexo?
5.  ¿Qué sucede cuando un lente convexo se acerca a un objeto?
6.  ¿Qué sucede cuando un lente convexo se aleja de un objeto?
7.  ¿Cuándo un lente es cóncavo?
8.  ¿Cómo recibe un lente cóncavo los rayos paralelos?

lunes, 13 de febrero de 2012

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Un futuro niño sabio

DEJEMOS QUE EL NIÑO SEA NIÑO, PERO SIN OLVIDAR QUE SU FUTURO ES SER ADULTO.

"El padre sabio es aquel que se da cuenta de que sus hijos tienen su propia serie de identidades y que algunas veces éstas difieren de las de papá y mamá. Y el mismo padre sabio tiene que conciliar ambas" (Kayhyn Whitfill, presidenta de la Asociación Nacional de Padres de Familia de EE.UU.)

Vibra de forma especial el niño con su sensibilidad virginal que le abre una comunicación especial con las músicas eternas de la vida. Su imaginación le permite conformar sueños que toman formas lúdicas (juegos) determinando una conducta de libertad, realización y felicidad.

Algunos piensan que el mundo irreal de fantasías es un derecho del niño, pero que necesariamente debe atentarse contra él para formarlo apto para la vida social y ciudadana que como adulto habrá de enfrentar; en fin, que debe prepararse desde edades tempranas para ser capaz y eficiente, ya que sólo así se convertirá en un futuro adulto de éxitos y un ciudadano útil.

Otros, inspirados en la ternura y sintiendo que en su propia vida son crudos e hirientes los sacrificios que le demandan la adaptación social y sus necesidades propias de eficiencia, opinan que la niñez es esa etapa linda que no volverá jamás y que, por tanto, deberán hacer todo lo posible por que sus hijos la vivan a plenitud, sin preocuparse mayormente por las duras pruebas que deberán enfrentar cuando lleguen a adultos.

Hemos expresado con ligeros argumentos dos posturas opuestas y extremas. Recordemos que en la vida, la capacidad de razonar, ensayar y corregir, unida a la voluntad de esforzarnos, debe actuar sobre las posturas extremas para encontrar una media eficaz, lo cual es un gran ejercicio creativo que supera con mucho el facilismo de adoptar a priori, como correcta, alguna de esas posturas extremas, la cual siempre tendrá una estructura rígida y dogmática.

Ajedrez Social opina que el gran reto de la pedagogía consiste en poner todos sus medios de acción en función de conciliar la realización infantil con la preparación para la vida de adulto y que ello se logrará introduciendo, como formas agradables, retos de adultos suavizados por el concepto de no compromiso con los resultados, pero sí con el nivel de esfuerzo que ellos mismos se propongan realizar.

Cuidado perenne habrán de tener los adultos convertidos en examinadores, de no evaluar al niño por sus logros sino por el cumplimiento del nivel accesible de esfuerzo que se propusieron de acuerdo con su grado de motivación. Las metas generalmente son fijadas por los adultos, no pertenecen al mundo de los niños y por ello generan tensión y violentan innecesariamente la vida infantil, dando paso a una frustración que es la base de futuros complejos e inadaptaciones. Habrán de motivarse retos porque con ellos sí se moviliza y educa el potencial del niño, se garantiza el disfrute del ensayo y la corrección, se garantiza el éxito que está en la realización del esfuerzo accesible y, por tanto, se prepara al niño para la vida sin atentar contra su felicidad necesaria.

El ajedrez en los niños puede y debe cambiar las tensiones de las metas competitivas, que deforman su desarrollo seguro hacia la maestría y atentan contra la niñez necesaria por los retos enfocados a la técnica del juego, que conducen, por añadidura, a la formación natural de la base y madre de todas las culturas, o sea, la cultura mental. El papel de los adultos será conformar y perfeccionar una didáctica ajedrecística que permita a los niños disfrutar las sucesivas etapas de asimilación de la técnica ajedrecística, ajustándolas con las etapas del desarrollo de su pensamiento.

"Un buen idealista es aquel que se traza metas cuando culmina su deber, pero dándoles la forma de retos donde la ternura de la infancia vivida, retenida y floreciente en su corazón, le permite amar el esfuerzo que hace, evidenciando realización y felicidad durante lo realizado y feliz en la acción de hacer que las cosas buenas pasen".

Como influye el divorcio en la infancia

¿Conoces a alguien cuyos padres estén divorciados? ¿Tus padres están divorciados? Existe la posibilidad de que contestes afirmativamente a una -o quizás a ambas- de estas preguntas. ¡Y no eres el único!
Sigue leyendo para saber qué es el divorcio y lo que puedes hacer para ayudar a tu familia, tus amigos o a ti mismo cuando alguien se divorcia.

¿Qué es el divorcio?

Un matrimonio se divorcia cuando los integrantes de la pareja deciden que ya no pueden continuar viviendo juntos y no quieren seguir estando casados. Acuerdan firmar ciertos papeles con validez legal que les permiten volver a ser solteros y casarse con otras personas si lo desean.
Aunque esto puede parecer sencillo, no resulta fácil para una pareja decidir ponerle fin a su matrimonio. A menudo, antes de decidir divorciarse, se toman un largo tiempo para intentar resolver los problemas que existen. Sin embargo, en ocasiones, no pueden resolver esos problemas y deciden que el divorcio es la mejor solución.
En ciertos casos, ambos padres desean divorciarse; en otros, sólo uno lo desea. Por lo general, ambos se sienten desilusionados porque su matrimonio no duró para siempre, incluso cuando uno de ellos desee divorciarse más que el otro.
Muchos niños no desean que sus padres se divorcien. Algunos niños tienen sentimientos encontrados acerca del tema, en especial cuando saben que sus padres no eran felices juntos. Algunos niños pueden llegar incluso a sentirse aliviados cuando sus padres se divorcian, en especial si ellos se peleaban mucho cuando estaban casados.
Es muy importante que los niños sepan que el hecho de que sus padres se hayan divorciado no significa que se han divorciado de sus hijos. Algunos niños piensan que, si sus padres se están divorciando, tanto su papá como su mamá también querrán abandonarlos a ellos.
Si bien es cierto que un niño cuyos padres se han divorciado suele vivir con uno de ellos la mayor parte del tiempo, el que no vive con él sigue siendo su mamá o su papá para siempre. Eso nunca cambiará.

¡Los niños no son los causantes del divorcio!

Existen muchos motivos por los cuales la gente se divorcia. Tal vez, la relación se haya enfriado. Quizás el amor mutuo que alguna vez ambos sintieron haya cambiado. Tal vez, se pelean y no pueden ponerse de acuerdo acerca de nada. Cada pareja tiene sus propios motivos para divorciarse. Más allá de cuáles sean las razones, hay algo que es indudable: ¡Los niños no son los causantes del divorcio!
Sin embargo, muchos hijos de padres divorciados creen que ellos son los responsables de que su papá y su mamá se hayan divorciado. Piensan que, si se hubieran portado mejor, hubieran obtenido mejores calificaciones o hubieran ayudado más en las tareas de la casa, sus padres no se habrían divorciado. Pero esto no es verdad. ¡El divorcio es algo que deciden las mamás y los papás!
El hecho de que alguna vez hayas escuchado a tus padres discutir acerca de ti o de que tu vecino crea que sus padres se divorciaron porque él tuvo problemas en la escuela no es motivo para que un matrimonio decida divorciarse. Quizá sientas que eres el culpable de que tus padres se hayan divorciado, pero no eres el causante. Y el hecho de que tus padres decidan ponerle fin a su matrimonio no es tu culpa.

¡Los niños no pueden evitar el divorcio!

Así como los niños no son culpables del divorcio, tampoco pueden hacer que sus padres vuelvan a estar juntos. En la mayoría de los casos, los padres no se reconcilian, aunque muchos niños lo deseen e incluso intenten hacer cosas destinadas a lograrlo. Es posible que, si te comportas como un ángel todo el tiempo (¿quién puede hacerlo?) y obtienes las mejores calificaciones en la escuela (algo también muy difícil de lograr), tus padres estén contentos contigo, pero eso no significa que vuelvan a estar juntos.
Lo opuesto también es verdad. El hecho de que te metas en problemas para que tu mamá y tu papá tengan que reunirse a conversar acerca de ese tema tampoco logrará la reconciliación. Por lo tanto, solo sé tú mismo y trata de conversar con tus padres acerca de tus sentimientos.

¡Siento que mi mundo se ha derrumbado!

Si tus padres se están divorciando o estás ayudando a un amigo que se encuentra en esa situación, hay algunas cosas importantes que debes recordar acerca de los sentimientos. En primer lugar, es normal que experimentes una gran cantidad de sentimientos diferentes, como enojo, miedo y tristeza.
En segundo lugar, aunque te parezca que tu mundo se ha derrumbado, con el tiempo todo volverá a estar bien. Tu vida quizás haya sufrido algunos pequeños cambios, pero todo volverá a recomponerse... tal vez, antes de lo que tú crees.
Mientras tanto, existen maneras de manejar los sentimientos que estás experimentando. Si estás muy enojado, puedes darle puñetazos a la almohada, patear cajas vacías, pegarle a la pelota de béisbol o correr a toda velocidad durante todo el tiempo que resistas. Pero nunca debes descargar tus sentimientos en otra persona.
También puede resultar útil contarle a alguien cómo te sientes. Si estás realmente enojado, debes expresarlo. Hablar de lo que sientes es mucho mejor que guardarte los sentimientos o mostrarte gruñón e irritable.
En ocasiones, el solo hecho de hablar con alguien representa un gran alivio. Sólo intenta decir lo siguiente: "¡Estoy tan enojado (o triste o preocupado) por el divorcio de mis padres! ¡Me afecta muchísimo!". Te sentirás aún mejor si la persona que te está escuchando te responde, por ejemplo, de la siguiente manera: "Es lógico que te sientas así. Entiendo perfectamente lo que te sucede". En ocasiones, es suficiente con ese breve diálogo.
Algunas veces, esto es sólo el comienzo de todas las conversaciones que mantendrás. Habla con uno de tus padres. Si eso te incomoda, busca a alguien con quien te guste conversar; tal vez, tu hermano o tu hermana, un maestro, un consejero escolar un vecino o uno de tus abuelos. Es difícil expresar lo que uno siente, pero resulta de gran ayuda.
Si tienes un amigo cuyos padres se están divorciando, intenta escucharlo con atención cuando él quiera hablar contigo. El divorcio nunca es fácil.
En ocasiones, los sentimientos que experimentan los niños respecto del divorcio de sus padres son tan fuertes que les cuesta concentrarse en otra cosa. Cuando los niños están muy tristes, enojados o preocupados, es probable que no presten atención en clase, que no se concentren en sus tareas o que ni siquiera puedan recordar algo que acaban de leer. Si esto sucede, es fundamental buscar ayuda.
Es probable que los niños se sientan mucho mejor después de conversar con un terapeuta, un consejero o un asistente social. Estos adultos están capacitados para conversar con las personas acerca de sus problemas y para ayudarlas cuando experimentan sentimientos demasiado intensos. También existen grupos de apoyo en escuelas y otros lugares de la comunidad, donde los niños pueden conocer a otros niños cuyos padres se han divorciado o están divorciándose y hablar de cómo los afecta la situación que están viviendo. Además, existe una gran cantidad de libros acerca del divorcio especialmente escritos para niños.

La vida después del divorcio

Por lo general, cuando los padres se divorcian, uno de ellos se va de la casa y vive en otro lugar. Algunos niños pasan cierto tiempo viviendo con uno de sus padres y cierto tiempo viviendo con el otro. Otros niños viven la mayor parte del tiempo con uno de los padres y visitan al otro. Si éste es tu caso, al principio puede parecerte extraño visitar a tu propio padre, pero quizás empieces a disfrutar pasar algún tiempo fuera de la casa donde vives todos los días. Y puede hacerte sentir bien saber que tienes dos hogares donde alguien te ama.
Si vives la mayor parte del tiempo con uno de tus padres, el otro quizá viva cerca o lejos. La frecuencia con la que lo visites podría depender, en parte, de dónde viva cada uno. Algunos niños cuyos padres se divorcian deben mudarse a una nueva casa o un nuevo vecindario, y eso también puede resultar difícil. A menudo (más allá del gran cambio que implica el divorcio), la mayoría de las otras cuestiones -la escuela, los amigos y el vecindario- no se modificarán.

Cuándo decir lo que se piensa

En ocasiones, los problemas aparecen cuando los niños visitan a uno de sus padres y luego vuelven con el otro a la casa donde viven. Por ejemplo, uno de los padres quizás haga muchas preguntas acerca de lo que el otro está haciendo. En ocasiones, alguno de los padres quiere que el niño sea un mensajero entre una casa y la otra. Los niños suelen sentirse incómodos cuando esto sucede. Desearían que sus padres hablaran entre sí para preguntarse lo que quieren saber.
Los niños no desean sentirse en el medio. Si alguna situación de este tipo te sucede, habla con tus padres y diles cómo te hace sentir.

El futuro

¿No te gustaría saber lo que te depara el futuro? Para un niño cuyos padres se han divorciado, el futuro puede significar la posibilidad de tener familias postizas. No esperes que todo se desarrolle siempre armoniosamente.
Puede resultar muy difícil afrontar el divorcio, pero intenta recordar que a muchos niños les sucede lo mismo que a ti y, por lo general, todo y todos vuelven a la normalidad. De hecho, aunque te parezca que todo está mal en este momento, te sorprenderías de todas las cosas buenas que te depara el futuro.
Revisado por: Richard Kingsley, MD
Fecha de revisión: septiembre de 2007
Revisado inicialmente por: Pamela Bushnell, LCSW

La homoxesualidad infantil.

Son estas preguntas que los adultos no acostumbramos a hacernos, invisibilizando con ello una realidad que coexiste día a día en nuestro entorno.

Es más, durante siglos hemos pensado que los niños no tienen sexualidad, que la sexualidad es algo exclusivo de los adultos y comienza en la adolescencia. Y aún hoy algunos sectores de nuestra sociedad mantienen esta falsa creencia. Pero nada más lejos de la verdad. El niño tiene sexualidad desde el momento mismo de nacer; no la sexualidad del adulto, claro está, sino la propia de su edad, tan desconocida para muchos padres, madres, educadores y otros profesionales. Si el sexo ha sido un tabú en nuestra sociedad, aún lo ha sido más la sexualidad en los niños y ni que decir tiene la homosexualidad infantil. Por ello, no sólo los adultos se han visto y se ven condenados al secreto y a la soledad (armario), también le ocurre a los niños.

La familia, en todo este proceso, juega un papel fundamental porque debe ser el marco protector donde todos los niños y niñas puedan desarrollarse y crecer y construir en libertar un proyecto de vida a nivel afectivo, relacional, profesional y también sexual. Pero no siempre las personas somos capaces de reconocer en la diversidad una riqueza añadida. Incluso hay familias en las que el honor o el qué dirán, está por encima del bienestar de sus miembros y emprenden contra su hijo o hija una cruzada, algo parecido a una especie de inquisición doméstica. Pero en el caso de que los padres y madres acepten a su hijo por amor y quieran ayudarle, estos padres y madres no cuentan con los recursos necesarios, no saben cómo ayudar a su hijo. Y en el silencio de la noche se preguntan por qué les ha tenido que tocar a ellos como si de una desgracia se tratara. Y tienen sentimientos controvertidos de amor hacia su hijo pero también de miedo, vergüenza, rechazo…

En algunos casos, los padres consultan muy preocupados con un psicólogo porque observan en su hijo intereses propios del sexo opuesto al punto de que en el colegio ya le han puesto un mote. “Sólo quiere jugar con las niñas y a las cosas de niñas”, dicen por ejemplo. Y le pide a su madre la barra de labios o se entusiasma con su vestido. Son padres que buscan en el psicólogo que cambie la inclinación de su hijo, “que le vuelva normal” porque desde sus creencias, esto que le ocurre a su niño es el inicio de una enfermedad o, peor aún, de una perversión. Y nada más lejos de la realidad. La homosexualidad no es una enfermedad; no es más que una variante de la normalidad. Es una opción de vida. En 1993, la OMS excluyó la homosexualidad de su clasificación de enfermedades. Anteriormente, en 1973, la Asociación Americana de Psiquiatría dejó de considerarlo un trastorno. Por lo tanto, el problema no es la homosexualidad sino la homofobia.

En otros casos, los niños no dan muestras externas de sus sentimientos permaneciendo entonces durante más tiempo solos sin que nadie se percate de su secreto.

Es preciso introducir cambios en una sociedad intransigente e intolerante como la nuestra, donde la diversidad ya sea de credo, raza o inclinación sexual es rechazada y excluida sin tener en cuenta el daño que provoca… Como ejemplo: según la Agencia Efe y con motivo de la celebración del Día Internacional contra la Homofobia (17 de Mayo), la ONU alerta de que los crímenes contra los homosexuales están aumentando en todo el mundo. Y pide a todos los países un compromiso político firme para acabar con la homofobia.

Y en esto, la escuela, se convierte en un laboratorio ideal. En los colegios, y desde preescolar (aún más, desde las guarderías), se debería enseñar a los niños y niñas la tolerancia, a respetar a los demás aunque sean diferentes y sobre todo por ello, a no burlarse, por ejemplo de un niño por llevar una mochila de color rosa y a no ser objeto de escarnio por el hecho de jugar con las niñas y no gustarle el futbol.

Pero no es una tarea que competa sólo a la escuela, la familia, núcleo primario de socialización del ser humano, es el lugar donde el niño debe aprender valores como el respeto por la diversidad porque tiene como modelo a unos padres tolerantes.

Además este posicionamiento en la familia y en la escuela debe de estar avalado por una sociedad donde primen estos valores porque sólo un proceso de cambio en nuestras creencias y actitudes abre una puerta a la esperanza de lograr una sociedad más justa, solidaria y tolerante.

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lunes, 6 de febrero de 2012

Desercion escolar

¿QUÉ ES LA DESERCIÓN ESCOLAR?



"DESERCIÓN ESCOLAR"


Un sistema educativo es eficiente cuando logra sus objetivos de enseñanza, en un tiempo adecuado y sin desperdicio de recursos humanos y financieros. Dos graves problemas que afectan a la eficiencia del sistema educativo son la repetición y la deserción. Donde el estudiante que ingresa al sistema educativo tiene tres opciones: aprobar, repetir o desertar, el cual la repetición y la deserción implican un desperdicio de recursos económicos y humanos que afectan los niveles de eficiencia del sistema. Por tanto, los tres fenómenos están estrechamente interrelacionados.
La deserción escolar es el último eslabón en la cadena del fracaso escolar. Antes de desertar, el alumno probablemente quedó repitiendo, con lo que se alargó su trayecto escolar, bajó su autoestima y comenzó a perder la esperanza en la educación. En consecuencia, para comprender el punto final de la deserción, se debe analizar más detenidamente el comienzo del problema, la repitencia. Ella es la mayor causa de deserción escolar: un repitente tiene alrededor de un 20% más de probabilidades de abandonar el sistema escolar.
Abordaje del fracaso escolar se vivencia simultáneamente en tres niveles: macro: sistema escolar, meso: institución escolar, micro: sujetos y grupos.

La deserción o abandono de los estudios, afecta mayoritariamente a los sectores pobres y a la población rural. En el país en general, la deserción tiende a ocurrir con frecuencia alrededor de los 10 años, edad en la cual los niños/as comienzan a trabajar; sin embargo, en diversos centros educativos se aprecia mayor deserción en los primeros niveles.
Es común, así mismo, que los niños repetidores, especialmente en los sectores rurales, abandonen la escuela. A más de las implicaciones económicas, la repetición tiene consecuencias sociales y culturales; y ésta puede ser un síntoma de la falta de adecuación del sistema escolar a las particularidades de los diferentes grupos sociales o culturales.
En ocasiones la tasa de deserción (movilidad) puede tomar valores negativos, lo cual significaría que el sistema educativo en un determinado lugar está absorbiendo alumnos en lugar de perderlos. Esto no debe verse como una expresión de eficiencia del sistema ya que estas tasas negativas se deben fundamentalmente a migraciones de un cantón o provincia a otro/a. Donde La repitencia, como el fracaso escolar, son creaciones de la escuela; por lo tanto ella está llamada a suprimirla. Mientras exista la repitencia, existirá una escuela incapaz de asumir plenamente su misión de generar aprendizajes para todos.

Las escuelas cumplen una función muy importante en la prevención del abandono escolar, siempre que sean entendidas como un protector de riesgo para los estudiantes, como una comunidad de compañerismo y compromiso. La investigación encontró casos exitosos donde el equipo de profesores colabora para asegurar que los estudiantes hispanos puedan superar sus problemas académicos o psicológicos.
La escuela debe hacer todo lo posible por mantener la asistencia regular de sus estudiantes a clases. Muchas veces, la decisión de abandonar la escuela nace del aburrimiento que producen las clases, ya que los alumnos sienten que lo que les enseñan no vale la pena, que no tiene relevancia en su vida. Para abordar este problema, existen escuelas que trabajan en torno a la creación de proyectos que los alumnos diseñan y llevan a cabo, flexibilizan el curriculum y lo hacen más interesante para sus alumnos.

Caracteristicas de la ansiedad infantil

CARACTERÍSTICAS Y SINTOMATOLOGÍA

Trastornos fóbicos
Antes de hablar de los trastornos fóbicos en sí, es importante distinguirlos bien de lo que son los miedos evolutivos normales de los niños. Los miedos son temores más leves que las fobias; son transitorios y, a medida que el niño se desarrolla, se van superando. En cambio, las fobias se caracterizan por ser miedos más desproporcionados, no necesariamente ligados a estímulos objetivamente peligrosos, de larga duración, que no pueden ser eliminados o controlados voluntariamente y que interfieren negativamente en la vida cotidiana del niño.
Además, los miedos pueden aparecer a cualquier edad. Por ejemplo, de 0 a 1 año, los niños pueden experimentar miedo ante estímulos intensos, como ruidos o dolores. También, pueden sentir miedo hacia personas desconocidas, sobre todo entre los 6 y 12 meses de edad. Entre los 4 y los 6 años,  es típico el miedo a la oscuridad y a los seres imaginarios (como monstruos, fantasmas o brujas). En cambio, la aparición de las fobias infantiles es más frecuente entre los 4 y los 8 años de edad.
En cuanto a la prevalencia, los miedos infantiles son experimentados por un 40% de los niños, mientras que las fobias afectan al 5-8%.
Ahora sí, podemos adentrarnos en los distintos tipos de trastornos fóbicos típicos en la infancia:
§        Fóbias específicas
Afectan a un 2,4% de la población infantil y adolescente. Entre ellas encontramos la fobia a los animales, la fobia a la oscuridad, la fobia a los médicos y dentistas… Normalmente, se van atenuando hasta que, finalmente, cesan después de entre 1 y 4 años desde el momento de su aparición. Seguramente, esto ocurra porque el niño va madurando neurológicamente. Además, también ayuda el hecho de que, a medida que crece, vive la experiencia de verse expuesto a la situación (ya sea directamente él mismo o indirectamente observando a otros).
§        Fobia escolar
En principio, la fobia escolar podría ser catalogada como una fobia específica, pero se la considera una categoría aparte, por su mayor trascendencia en la vida presente y futura del niño. No ir a la escuela tiene repercusiones inmediatas en el rendimiento escolar  pero, también, en las relaciones sociales (los niños dejan de encontrarse con sus compañeros, profesores, monitores, otros padres…y por tanto, dejan de tener la oportunidad de poner en práctica y mejorar sus habilidades sociales). Además, ambas consecuencias, pueden convertirse en impedimentos para un óptimo funcionamiento futuro.
La fobia escolar está presente en un 1% de la población infantil y afecta más a los niños que a las niñas. Puede aparecer en cualquier momento, aunque existen dos picos de edad en los que lo hace con mayor frecuencia:
-       Los 3-4 años, que es la edad en la que comienzan el colegio.
-       Los 11-12 años, que es la edad en la que comienzan el instituto.
En el primer caso, cuando los niños son más pequeños, la fobia aparece de forma más visible y repentina. En cambio, en el caso de los niños más mayores y adolescentes, la fobia se desarrolla de una forma más lenta, yendo de menos a más, adquiriendo mayor intensidad y gravedad y, consecuentemente, peor pronóstico.
También, es común que la fobia escolar coincida con cambios de colegio o de ciclo (por ejemplo: cuando un niño pasa de 4º de primaria a 5º, cambia de ciclo medio a ciclo superior). Entre las causas, observamos gran variabilidad. Por un lado, puede ser que el niño sienta que no puede responder a las demandas respecto su rendimiento académico. También, puede que el problema sean las dificultades de relación que tiene con los compañeros, ya sea porque a él le cuesta desenvolverse y, por tanto, quiere evitarlo; porque se siente acomplejado por alguna característica personal; o bien, porque sufre bullying de parte de sus compañeros, entre otros motivos.
Sea cual sea la razón, la fobia escolar casi siempre se presenta acompañada de síntomas físicos de ansiedad (como náuseas, vómitos o diarreas, dolor abdominal o de cabeza, pérdida del apetito…) y pensamientos negativos sobre las consecuencias de ir al colegio (como que los profesores le reñirán, que los niños se meterán con él o que no conseguirá hacer bien las tareas). La conducta observable es de evitación (no va al colegio) o, en el caso de que vaya obligado, una vez ahí, puede mostrarse inhibido (muy tímido e incómodo) o puede huir (hacer novillos). En cualquier caso, los síntomas y malestar descritos antes, desaparecen en el momento en que el niño sabe que se queda en casa, en lugar de ir al colegio.
Es importante distinguir aquí, el niño que rechaza ir al colegio por miedo, del niño que lo rechaza por otros motivos como no querer estudiar, tener problemas con la disciplina del colegio o de la familia, etc. En el primer caso, el niño se queda en casa durante las horas del colegio y lo hace con el conocimiento de los padres, mientras que en el segundo caso, lo más común es que el niño no informe de sus faltas y tenga una conducta más antisocial.
§        Fobia social
Antes de poder decir que un niño tiene fobia social, debemos tener en cuenta dos requisitos que tienen que estar presentes en él obligatoriamente:
-       que el niño evite el contacto con otras personas de forma excesiva durante más de 6 meses (si lo hace sólo puntualmente, sin tal persistencia temporal, no se considera fobia social)
-       y que el niño tenga una edad superior a los 2’5 años (puesto que, antes de esta edad, tal comportamiento podría explicarse, simplemente, por los miedos evolutivos normales que los niños sienten hacía las personas que les son desconocidas).
Aclarado esto, pasamos a explicar las características principales de la fobia social en la infancia:
El niño siente miedo ante una o más situaciones sociales, en las que tiene que estar en contacto con personas desconocidas o en las que es posible que le juzguen los demás. En el momento del contacto social o, simplemente, anticipándolo en su imaginación, el niño siente ansiedad, miedo a la crítica, al fracaso… Todo esto, puede que ocurra porque el niño siente que tiene pocas habilidades sociales (aunque puede que, en realidad, sí las tenga pero no se dé cuenta o crea lo contrario, seguramente, porque la visión general de sí mismo es negativa. Puede que al principio de conocer a alguien, se muestre tímido, se sienta inseguro, con poca confianza en sí mismo. También, es común que le sea difícil ser asertivo, es decir, que sea capaz de hacer o expresar lo que quiere de forma firme y decidida). En cualquier caso, todo esto hace que el niño intente evitar la interacción social con extraños, para así reducir su ansiedad. Si bien, paralelamente, intensifica las relaciones con las personas conocidas (como familiares y amigos), porque el problema no es que no quiera relacionarse, sino que le da miedo no hacerlo en “terreno seguro”. En otras palabras, el niño que padece fobia social, no es un niño que no quiera estar con los demás. Al contrario, tiene un gran deseo de afecto y aceptación por parte del resto y es, precisamente, esta gran necesidad de estar bien con el resto, lo que hace que sienta este gran miedo a no conseguirlo.
Trastornos sin evitación fóbica
§        Ansiedad por separación
De entre los trastornos de ansiedad sin evitación fóbica, la ansiedad por separación es el trastorno que presenta mayor prevalencia (4%).
Podemos hablar de ella, cuando la ansiedad que siente el niño ante la separación real o potencial de sus figuras de apego (la madre, especialmente, porque es con la que suelen establecer un mayor vínculo) es desproporcionada a lo esperable y se presenta durante más de 2 semanas, manifestándose al menos tres de los siguientes síntomas:
-       El niño está preocupado de forma exagerada y duradera, por posibles daños que pudieran sufrir sus seres queridos o por miedo a que se vayan y no vuelvan.
-       Tiene más miedo del común, a ser víctima de algo terrible que implique la separación de sus seres queridos. Por ejemplo: un accidente, un secuestro, un asesinato…
-       Se niega a ir a la escuela, no tanto porque rechace situaciones específicas de la vida escolar, sino porque quiere permanecer el mayor tiempo posible en casa, con las personas con las que tiene el vínculo.
-       Tiene un temor desproporcionado a ir solo a la cama, a dormir fuera de casa o lejos de sus seres más allegados.
-       Evita estar solo continuamente.
-       Tiene pesadillas repetidas relacionadas con la separación.
-       Se queja de síntomas de tipo físico como dolores de cabeza, vómitos, náuseas… los días que tiene que ir a la escuela o en cualquier otro momento en que tenga que separarse de sus padres.
-       Se queja (a través de pataletas, súplicas…) para conseguir que las personas con las que tienen el vínculo, no se separen de él. Si, finalmente se produce la separación, entonces, se comporta de forma inhibida (está retraído, triste o apático).
Esto ocurre tanto cuando el niño se separa de los padres (por ejemplo, para ir al colegio), como cuando los padres se separan del niño (por ejemplo, porque marchan a algún lugar sin él). La media de edad en la que se presenta es de 9 años y suele afectar más a la población femenina. También, se ha visto que es más común en niveles socioeconómicos bajos (lo que no significa que se dé de forma exclusiva en éstos). Puede comenzar de forma súbita y oscilar a través del tiempo. Se la asocia con una mayor probabilidad de experimentar ansiedad generalizada paralelamente o años más tarde (alrededor de los 13) y, si bien la ansiedad por separación suele desaparecer alrededor de los 14-16 años, puede ser un predictor de futuros trastornos de pánico, agorafobia e, incluso, depresión, en la vida adulta.
§        Trastorno de ansiedad generalizada
La experimenta el 3% de la población infantil. Tiene que haber estado presente al menos durante 6 meses para poder ser diagnosticada y se caracteriza por una preocupación persistente y generalizada, ante un variado número de situaciones distintas. Los niños que la sufren, se sienten preocupados de forma excesiva o no realista por: sucesos futuros / conductas del pasado y/o su adecuación personal en una o más áreas (como la escuela, la vida social, el deporte… entre otras). Además, pueden presentar irritabilidad y dificultades para concentrarse. Se sienten tensos e incapaces de relajarse. Presentan una exagerada autobservación y una necesidad obsesiva de reafirmación, en una amplia gama de situaciones. Es decir, están constantemente pendientes de sí mismos, no en un sentido narcisista, sino más bien, en sentido controlador.  Igualmente, es frecuente la aparición de síntomas somáticos de ansiedad como inquietud motora, problemas gastrointestinales o alteraciones del sueño. Como consecuencia de la ansiedad generalizada, también, puede que el niño desarrolle fobias específicas.
La edad media en la que aparece es a los 13 años, con la misma incidencia en niños que niñas y con mayor predominio en niveles socioeconómicos medios y altos. Esto es debido a que, en familias más acomodadas, los mínimos para sobrevivir están cubiertos, de forma que es más probable que los miembros se preocupen por otras cuestiones como la consecución de éxitos. En este sentido, cuanto más reducida y más orientada hacia el éxito es la familia, mayor presión recae sobre el niño y más probable es que responda con ansiedad a tal dinámica de sobrexigencia.
Trastornos de ansiedad con otros componentes añadidos
§        Trastorno obsesivo-compulsivo (TOC)
El trastorno obsesivo compulsivo, como tal, es poco frecuente en la infancia (solo lo padece el 0,7% de la población infantil). Aún y así, la presencia de algunos síntomas, sí es  más común. Además, cuando se les pregunta a pacientes adultos diagnosticados del mismo trastorno cuándo recuerdan haber experimentado los primeros síntomas, muchos de ellos, contestan que antes de los 15 años.
La edad de inicio aproximada es a los 9 años y  medio en niños y a los 11 en niñas. Es más habitual en niños con un código moral rígido y con un cociente intelectual más bien alto. Asimismo, se ha visto que hay una mayor relación entre la presencia de TOC en el niño, si ha habido antecedentes de trastornos emocionales en la familia, sobretodo de obsesiones y compulsiones en los progenitores (más aún, si los padece la madre).
De cualquier forma, el trastorno obsesivo-compulsivo se caracteriza, precisamente, por presentar:
-       Obsesiones
Son ideas, imágenes, pensamientos, impulsos…que provocan malestar y ansiedad en el niño. Este considera sus obsesiones como intrusas e inapropiadas, no en el sentido de no ser producto de su mente o venir impuestas desde fuera sino, más bien, porque siente que su contenido no encaja con el tipo de pensamientos que esperaría tener y porque escapan a su control.
Las más frecuentes según Echeburúa y Corral (2009) son: las relacionadas con el temor a la suciedad (40%), el miedo a algún peligro que pueda perjudicar a uno mismo o a sus familiares (24%), el temor al desorden (17%) y los escrúpulos morales (13%).
-       Compulsiones
Son comportamientos (por ejemplo: lavarse las manos) o actos mentales (por ejemplo: rezar una oración) que el niño lleva a cabo para prevenir o reducir el malestar y la ansiedad que le suponen sus obsesiones. El problema no son los comportamientos propiamente dichos, sino su carácter recurrente e incontrolable. El niño no los realiza porque le sean placenteros o le proporcionen algún tipo de gratificación, sino que los realiza impulsivamente para calmar el malestar que le provocan sus obsesiones.
Algunos ejemplos pueden ser: el lavado excesivo (85%), repetición de actos (51%), realizar repetidas comprobaciones (46%), llevar a cabo rituales para evitar el contagio (23%), ordenar simétricamente (17%) o el coleccionismo indiscriminado (11%).
Dicho de un modo más breve, el trastorno obsesivo-compulsivo en la infancia, se caracteriza por la realización de rituales (compulsiones) orientados a controlar la ansiedad que generan ciertos pensamientos (obsesiones).  Estos rituales obsesivos, se diferencian de los rituales evolutivos normales de los niños en que, los primeros, no son de carácter lúdico; si se interrumpen, el niño siente malestar e irritabilidad; tienen consecuencias negativas en la vida cotidiana del niño e interfieren en su desarrollo global; y las personas que le rodean perciben la conducta como perturbadora, ya sea por su “rareza” o por la gran cantidad de tiempo que implica su ejecución.
§        Trastorno de estrés postraumático
Los niños que viven un suceso traumático (i.e. abuso sexual, asesinato de su progenitor, maltrato infantil…), igual que los adultos, tienen una reacción emocional inmediata. Sin embargo, la forma en que un niño expresa sus estados emocionales, puede distar mucho de cómo lo hacen las personas mayores.
Así pues, los niños más pequeños tienden a expresar su sufrimiento de forma más global, a través de conductas de retraimiento o con la pérdida de hábitos o aprendizajes previamente adquiridos. Por ejemplo, pueden presentar comportamientos regresivos. Es decir, puede que “den un paso hacia atrás” y realicen conductas características de un estadio anterior del desarrollo que, en su momento, ya superaron. Estos comportamientos regresivos pueden afectar distintos ámbitos como el lenguaje, la  autonomía personal o, incluso, el control de esfínteres. En el polo opuesto, pueden aparecer pensamientos no esperables para la edad (“adelantados”, demasiado tempranos), tales como preocupación por la muerte.
Otra forma en la que se puede expresar el malestar es a través de alteraciones del sueño o de la alimentación. También, pueden sentir miedos constantes, sobresaltos y dificultades para readaptarse a la vida cotidiana. Los síntomas físicos como el dolor de estómago, de cabeza o las náuseas, son otra forma más en la que puede expresarse su angustia.
A pesar de que las dificultades para manifestar el malestar son las mismas para ambos sexos (ya que ni unos ni otras, tienen suficientes habilidades todavía para verbalizar sus miedos y emociones), existe una diferencia entre sexos, en cuanto a la forma en que cada uno  manifiesta su  pesar: en el caso de las niñas, suelen predominar los síntomas más de tipo ansioso y depresivo mientras que, en el caso de los niños, es más común que aparezcan trastornos de conducta.
§        Trastorno mixto de ansiedad y depresión
Igual que sucede en la población adulta, la ansiedad y la depresión en la infancia y adolescencia, también están altamente conectadas. La ansiedad y la depresión suelen presentarse simultáneamente en los trastornos de ansiedad. De hecho, aproximadamente el 30% de los casos de trastorno de ansiedad, también presentan depresión. Esto ocurre, especialmente, en el trastorno de ansiedad por separación, donde la estadística se dispara pudiéndose dar hasta en el 70% de los casos.
A la inversa, los datos son aún más sorprendentes. Los niños y adolescentes con trastornos depresivos, presentan síntomas de ansiedad en un 50% de los casos.
Dicho esto, lo que queda claro es que la proximidad entre ansiedad y depresión es indudable y que la cuestión más difícil de abordar es esclarecer cuál está en un primer plano. Como la respuesta suele ser un poco confusa, en muchos casos, se habla más de trastornos emocionales.

Transtornos de la ansiedad en la infancia

La ansiedad en la infancia

TRASTORNOS POR ANSIEDAD EN LA INFANCIA
Y ADOLESCENCIA: FACTORES DE RIESGO (1)
Ana Mª Taboada Jiménez, Lourdes Ezpeleta Ascaso*, Nuria de la Osa C.
Universitat Autòn oma de Barcelona
Resumen:Se presentan los resultados de un estudio
sobre factores de riesgo de los trastornos de
ansiedad en la infancia y la adolescencia en una
muestra de 197 niños y adolescentes de 6 a 17 años.
Se ha realizado un análisis con diferentes modelos
de regresión logística que valoran la contribución
de distintos factores de riesgo sobre la presencia o
ausencia de ansiedad. Los resultados muestran que
la presencia de psicopatología en los padres, su estilo
educativo, el temperamento del niño, los problemas
evolutivos tempranos, la presencia de antecedentes
familiares de psicopatología, y el nivel socioeconómico,
se relacionan significativamente con la
presencia de trastornos de ansiedad en el niño.
Estos resultados sugieren la necesidad de considerar
la interacción entre múltiples factores de riesgo
para explicar la génesis de estos trastornos,
más que los efectos aislados que pueden estar
ejerciendo cada uno de ellos sobre el individuo.
Palabras Clave: Factores de riesgo, Trastornos de
ansiedad, Psicopatología infantil y juvenil.
Abstract: Risk factors of anxiety disorders were
studied in a sample of 197 children and adolescents
6 to 17 years old. Through several logistic
regression models we obtained that parent’s psychopathology
and history of psychopathology in
the family, educational style, temperament of the
child, early developmental problems and socioeconomic
status were significantly related with the
presence of anxiety disorders in the child. It is necessary
to consider the confluence and the connection
among multiple risk factors in order to
understand the genesis of these disorders.
Key words: Risk factors, Anxiety disorders, Child
and adolescent psychopathology.
Title: Anxiety disorders in childhood
and adolescence: Risk factors
Introducción
El estudio de los factores de riesgo de los
trastornos de ansiedad en la infancia y adolescencia
es de suma importancia para los
profesionales de la salud mental. Los trastornos
de ansiedad constituyen una de las
categorías diagnósticas más prevalentes de
todos los trastornos psicológicos, tanto en
la infancia (Bernstein y Borchardt, 1991;
Bragado et al., 1995; Bragado, Carrasco,
Sánchez y Bersabé, 1996; Jalenques y Coudert,
1993; Kashani y Orvaschel, 1988;
* Dirigir la correspondencia a: Dra. Lourdes Ezpeleta Ascaso,
Departament de Psicologia de la Salut i de Psicologia Social,
Facultat de Psicologia. Universitat Autònoma de Barcelona,
08193 Bellaterra (Barcelona)
© Copyright 1998: de los Editores de Ansiedad y Estrés
Artículo recibido: 15-2-97; Aceptado: 11-6-97.
Kashani y Orvaschel, 1990) como en la vida
adulta (Echeburúa, 1993; Hollander,
Simeon y Gorman, 1996). Los estudios
epidemiológicos demuestran que la prevalencia
de estos trastornos en la infancia oscila
aproximadamente entre un 5.6% y un
21% (Benjamin, Costello y Warren, 1990;
Bragado et al., 1996; Costello y Angold,
1995; Kashani y Orvaschel, 1988; Kashani
y Orvaschel, 1990), siendo más alta prevalencia
en las niñas que en los niños.